Viento de Septiembre
Tu mirada me hizo silencio, opacaste el sol justo sobre nuestra semilla hermosa, el olvido diluyó tu boca como lava sobre mí. Mis manos cesaron de sutileza, tu franqueza volvió cenizas mi sonrisa, tus besos espinados cayeron del cielo gris de mi memoria frágil.
He secado mis ojos con ajíes del recuerdo, he olvidado la manera de olvidarte, aún en la eternidad de tu ausencia. La vida me ha vuelto a enseñar que la frontera molecular del infierno se puede disolver con alquimia, creada por nuestro oráculo interno... aveces arriesgarse cuesta la vida también.
Las marionetas libres del amor enfrascado crean fronteras plagadas de veneno letal, veneno cobarde que ataca por la espalda con flechas de hielo... el frío palpable de ajenas manos voraces invisibles que mi corazón infinito no advirtió sus ráfagas a tiempo.
Ahora quizás forjaré muros propios con mis inquietas manos, sólo serán de luz metálica para poder iluminar la oscuridad de mis sueños moribundos entonces, los espejos volverán a observarme y la miel de tu recuerdo volverá a endulzar mi boca triste. Volverán también a mí la sangre del cielo, el sonido del suelo y las alas ligeras del destino.
Sólo me queda desenterrar el tiempo de esta multicolor cripta que me has dejado, un lapsus en blanco y negro que me tienen enjaulado en las rejas de tu incierto sentir, de la culpa sin culpa, del la culpa del viento de Septiembre, el mismo que tiritó al voltear estas letras, de franqueza temporal.
He secado mis ojos con ajíes del recuerdo, he olvidado la manera de olvidarte, aún en la eternidad de tu ausencia. La vida me ha vuelto a enseñar que la frontera molecular del infierno se puede disolver con alquimia, creada por nuestro oráculo interno... aveces arriesgarse cuesta la vida también.
Las marionetas libres del amor enfrascado crean fronteras plagadas de veneno letal, veneno cobarde que ataca por la espalda con flechas de hielo... el frío palpable de ajenas manos voraces invisibles que mi corazón infinito no advirtió sus ráfagas a tiempo.
Ahora quizás forjaré muros propios con mis inquietas manos, sólo serán de luz metálica para poder iluminar la oscuridad de mis sueños moribundos entonces, los espejos volverán a observarme y la miel de tu recuerdo volverá a endulzar mi boca triste. Volverán también a mí la sangre del cielo, el sonido del suelo y las alas ligeras del destino.
Sólo me queda desenterrar el tiempo de esta multicolor cripta que me has dejado, un lapsus en blanco y negro que me tienen enjaulado en las rejas de tu incierto sentir, de la culpa sin culpa, del la culpa del viento de Septiembre, el mismo que tiritó al voltear estas letras, de franqueza temporal.
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