Suicidio imaginario y el encuentro con la muerte

El guiño inocente en la cornisa suelta de mi reflejo deambula y corre al pasar las horas. Mi reflejo me toma por la espalda y el deseo disfrazado de muerte se detiene y avanza, como libélulas voraces buscando intermitentes colores.
Escucho crujir la ventana, al voltear veo mi reflejo regocijante... río también, luego mi pecho se comprime y pudre, la ventana arde y las libélulas me devoran... vuelvo a reír.

Dentro de ellas vuelo con ligera complicidad, como el polen bajo la abeja, dejando estelas del pasado y fragmentos de piel al destino del indómito viento, testigo de mi crimen y su condena. Las heridas se diluyen pero nunca sanarán. Sólo río y me resigno.
Las olas del mar me señalan gritando mi nombre real. Sus saladas brisas desprenden las alas de mi libélula, caemos como altazor, nuestros inocuos aleteos rozan mi espalda imaginaria de inánimes luces parpadeantes incoloras... puedo ver el silencio.

Silente latente entre la muerte, muerte latente en el silencio...
Acercate al espacio recóndito del alma. Camufla tus colores insospechados en el elixir de la estepa, en el verde del páramo. Ilumina mi luna llena de dudas, del acuario de incertidumbre vana que engaña al nadar en la oscuridad pasajera del tren de la vida.
Mi cuerpo nace dentro del gusano final, mis huesos se encarnan en las cenizas de la mariposa que buscas sin cesar. Tu esperanza se disipa en la luz de la ventana boreal. Impredecible como el mar, indestructible como el dios que nace de bocas moribundas del aire.

Tu vida es la vida que apuñala al espectro invisible del ser, tus redes atrapan a la humanidad, y cada hilo retuerce los cuellos colgados bajo el sudor de tus dedos. Las estrellas de tu mirada aplauden y veneran al cielo cubierto de tristes antifaces, creadores del fin de un mísero comienzo.

El mundo no termina a los ojos de nadie. El mundo parpadea el ahora y desvanece el sino de sus almas lentamente..

El fuego quema desde el cielo. Ajenas agonías cubiertas por tu manto en llamas, producen carcajadas en los espejos volantes. Tus llamas alcanzan las ultimas sinapsis envueltas en leche maternal, irónica leche que simboliza el enrojecimiento del mar. El hielo de tu sepulcro expande su hemorragia al azar, trizando tu abismo a la suerte del tiempo y del espacio.
Mataste tu destino... mataste la esperanza de una nueva creación. Llegas sin avisar como el Sol en transe y el velo invisible de la noche.

Saboreas el comienzo de la incertidumbre y los deseos de perdurar del tiempo, añorando saciedad ilimitada, el paso abierto a terminar con esta locura que sopla tus cenizas eternas, bajo esta tierra arada de miradas...

Vuelvo a reír, me libro de ti y cierro mis ojos imaginarios que reflejan mi carne transparente. Al abrirlos veo el sonido habitual que me rodeaba, oigo luces aladas, al hablar nadie me escucha, tampoco yo... vuelvo a reír.

Se que algún día podré escapar de ti... encontrandote nuevamente.

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