El armario de Dios

¿Donde quedaron los espejos?
¿Donde puedo ver mi reflejo entonces si una gota de lluvia es inmensa ahora?

No quiero esperar más, menos un aguacero de veracidad.
El tiempo se transforma en parpadeos de luz y mis brazos se acortan con su pulso...
Testigos ciegos me aplauden también.

La inmensidad apuñala el cráneo abierto de mis manos.
La mañana indecisa ríe a carcajadas y el aire me ahoga al juntar sus átomos.
Las arcadas de las aves pesan toneladas y el despertar me produce espasmos que cierran mis párpados.

Nadando quizás en el virus del mundo esperaré al ser imaginario e inmundo...
le preguntaré perplejo:

¿Donde quedaron los espejos?
¿En tu armario?

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